viernes, 18 de mayo de 2012

“Ocupados tratando de explicar la vida, olvidamos escucharla, aprender de ella y sobre todo, amarla”

Entrevista exclusiva con el chileno Julio Olalla reconocido por ser uno de los gestores del conocido coaching ontológico por la International Coach Federation ICF.


Poca gente sabe que el verbo conversar proviene del latín conversus que significa en español convertirse. O mejor dicho, “convertirnos juntos” y transformarnos a través de la palabra. Si lo piensa, cuando nos sentamos a hablar con alguien, de alguna forma estamos interiorizando parte de su mundo que a su vez transforma el nuestro.

Este es uno de los principales mensajes del chileno Julio Olalla autoridad mundial en el campo gerencial del coaching. En pocas palabras para Julio Olalla es fundamental saber mantener conversaciones en las organizaciones.

Según este autor, podríamos entender el conocimiento del mundo como si estuviera puesto sobre dos grandes pilares, uno interior y otro exterior. Lamentablemente, a su parecer, hemos dado pasos agigantados respecto a conocimientos externos como la ingeniería, los adelantos tecnológicos y las megaconstrucciones.

Pero en este proceso hemos dejado a un lado ese enriquecimiento interno. “La incapacidad de unir estos dos mundos es el corazón del dolor del ser humano hoy”, asegura Olalla.

Las nuevas tendencias en coaching tienen por objetivo cerrar esta brecha. Hoy las empresas no tienen mayores dificultades para resolver temas técnicos. Pero los aspectos humanos como confianza, motivación o respeto parecen territorios en donde los ejecutivos no saben cómo actuar. Entrevista exclusiva con el autor.  

¿Cómo conciliar su visión humana de los negocios con un tema a veces frívolo y lleno de egos como el coaching?

En primer lugar coaching como palabra es utilizado para todo. Hay gente que hace consultoría, consejería o entrenamiento y le dicen coaching porque se puso de moda. Y aquí quiero hacer una distinción, pero no por razones de ego sino por estricta justicia intelectual y de precisión. Yo arranqué con este trabajo en 1984 en el Silicon Valley y en ese tiempo no se hablaba de coaching. De repente alguien me dijo que eso era lo que hacía. Simplemente yo soy leal a una disciplina que siento produce valor. Llamémosla como sea; es posible incluso que sí necesitemos un término nuevo pues además coaching es en inglés.

Pero lo que realmente estamos diciendo es que existe una crisis muy seria en el aprendizaje. De la concepción de lo que significa saber. Y decimos, conocer no es lo mismo que saber. Cuando tienes un gerente que entiende que saber es dar más información, cita a su gente y les va a presentar un PowerPoint. Pero la gente sale y no habrá cambiado nada en su vida. Esta crisis se ha ido agrandando.

Miren, cuando un alto ejecutivo me llama no me dice, Julio necesito que me ayudes con un problema técnico. Para eso no necesita hablar conmigo. Pero me dice, Julio cómo hago para que este equipo funcione con mayor entusiasmo, para crear confianza, que se enamoren de lo que hacen y no se sientan obligados a cumplir un horario. La gran brecha hoy en día en las organizaciones la producen los temas humanos.

¿Y cómo afrontar estos desafíos?

Aquí yo no voy a decirle al cliente: usted tiene que hacer uno, dos o tres. En las empresas no existen formulas. Lo que empieza a ser la esencia hoy en día es que se nos agotó nuestro modelo de aprendizaje. Los ejecutivos tienen que revisar cómo su presencia y su modo de hacer las cosas generan a su alrededor espacios de cierto tipo de los cuales no son consientes. Mucha gente tiene el poder de inspirar nuestra vida en poco tiempo. Nos obligan a pensar de una forma distinta. Esos espacios no se consiguen con procedimientos sino con inaugurar una forma nueva de conversar. El objetivo es aprender a desplazar el aprendizaje desde la información a la formación y la inquietud por la sabiduría.

¿Quiere decir esto que la gente no sabe conversar?

Esta es la esencia de lo que llamamos coaching ontológico. Les explico: cualquier teoría del ser de algo es una ontología. Nuestra posición es que tenemos una manera muy limitada de entender el lenguaje. Afrontamos el lenguaje solo como un evento descriptivo y olvidamos su poder de transformar. Esta es una ontología totalmente distinta. Si ustedes analizan todo lo que en realidad hace un ejecutivo es conversar. Y la gente no se percata de la enorme cantidad de conversaciones que no conducen a ningún resultado. Muchas veces no se percatan de que esos resultados que quieren cambiar o mejorar son consecuencia de su lenguaje.

Y decimos, si todo lo que tú haces es conversar lo que tenemos que hacer es potenciar la capacidad ejecutiva de tus conversaciones. Y para esto arrancamos por identificar los eventos conversacionales de un ejecutivo como declarar visiones, ejecutar y establecer expectativas precisas o analizando y explicando el entorno. El coaching ontológico es simplemente organizar el mapa conversacional de un ejecutivo. Y así, el ejecutivo empieza a organizarse a sí mismo y su lenguaje a transformar su entorno. No hay mayor misterio que esto.

¿Qué pasa con aspectos específicos como la estrategia o la visión?

Simplemente son una conversación más. Si formamos una empresa, por ejemplo, y me preguntan qué queremos construir, ahí vamos a tener una visión. Y luego me preguntan cómo vamos a aliarnos o a conseguir capital estamos en la estrategia. Estas son dos grandes conversaciones. Si se dan cuenta, todo se reduce al potencial del lenguaje.  

¿Qué consejo puede darle a un coach para mejorar en su profesión?

Muchas veces los coach entran en esta actividad luego de duras batallas y años de aprendizaje. Sin embargo, esto les hace creer que tienen, o deben tener, todas las respuestas. El mejor camino para ser un buen coach es nutrirse de los acontecimientos y experiencias de la vida diaria. Hay que entender las cosas que nos pasan diariamente, el dolor o la dicha, como nuestro mayor capital. En el momento que usted sienta que no tiene nada nuevo que aprender, no solo no va a ser un buen coach, sino que está necesitando uno urgentemente.

¿Cómo ve estos temas en América Latina?

Les puedo dar una interpretación como chileno que soy. Cuando voy a mi país me duele mucho ver cómo todas las conversaciones públicas son pura descalificación. Es tan penoso ver cómo, cuando estas figuras se reúnen, no hay ninguna visión del mundo, ni la construcción de un sueño, sino solo: ustedes son unos tales y unos cuales. Siempre, yo tengo toda la razón y ustedes todos están equivocados. Pero no solo equivocados sino que también son malas personas. Los jóvenes chilenos están desilusionados de la política.

Pero algo de eso hay en todos los países. No tenemos ciudadanos, tenemos consumidores. Los ciudadanos son personas con sueños. Pero como consumidores siempre queremos más y vemos al Estado solo para satisfacer necesidades. ¿Quién me da más? Se nos redujo el mundo a preguntas como ¿cuánto crecimos? y ¿cuánto de eso es para mí?


Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la sección Management de la Revista Dinero 

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