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miércoles, 29 de agosto de 2012

La respuesta no es dinero

En la visión tradicional, la motivación es algo que las compañías tratan desesperadamente de imprimir en su gente. Pero, realmente, aquello que nos motiva nace en nosotros mismos.



Teresa Amabile, Ph. D. en sicología de Stanford (1977) y profesora de la Escuela de Negocios de Harvard, vive obsesionada por el mundo de la creatividad. Un día, ella y su equipo se embarcaron en un apasionante experimento. Tomaron un grupo de artistas profesionales y dividieron su trabajo en dos: aquellos artistas que trabajaban por dinero y los que no tenían ningún estímulo económico.

Al presentarles los trabajos de estos artistas a reconocidos curadores el resultado fue contundente. “Sin excepción, las obras pagas fueron evaluadas significativamente menos creativas”, concluyó el estudio.

“La iniciativa de hacer algo buscando satisfacer un profundo deseo interno y un reto personal inspira grandes dosis de creatividad ya sea en las artes, las ciencias o los negocios”, es una cita reconocida de la profesora Amabile.

En 1945, el psicólogo Karl Duncker creó un ingenioso juego, conocido como “el problema de la vela”. A usted le entregan tres elementos, una vela, unos fósforos y varios clavos en una caja. La instrucción es fijar la vela de tal forma que no gotee esperma sobre el piso. Tras varios intentos fallidos, Duncker observó que, en promedio, las personas tardaban de 5 a 10 minutos en descubrir que debían clavar la caja a la pared y allí poner la vela.

Muchas veces no vemos más allá de nuestras narices.

Más tarde, el psicólogo de Princeton, Sam Glucksberg, quiso llegar más allá con el problema de la vela. A un grupo de personas les ofreció cerca de US$40 a quien resolviera el problema más rápido. A otros, simplemente les permitió jugar. Tras varios intentos el resultado fue sorprendente. En promedio, el grupo al que se le ofreció dinero tardó tres minutos y medio más en encontrar la respuesta.

¿Qué sugieren estos ejemplos? La sabiduría popular nos lleva a creer que una recompensa económica siempre aumentará nuestro interés por hacer mejor las cosas.

“Por largo tiempo ha existido una gran distancia entre lo que la ciencia sabe y lo que los negocios hacen”, es el argumento central del autor Daniel H. Pink en su más reciente libro Drive: the surprising truth about what motivates us. Para H. Pink, la pregunta constante de los hombres de negocios ¿cómo motivo a la gente? es incorrecta, pues implica “que la motivación es algo que se hace en la gente, en vez de algo que la gente hace”.

El autor pone de ejemplo el caso de Wikipedia vs. Encarta de Microsoft. El primero nace de un interés genuino de la gente de aportar su conocimiento, mientras el segundo opera en el esquema tradicional según el cual a los escritores, editores etc. se les paga por su trabajo. Ahora bien, H. Pink se pregunta si hace una década algún sobrio profesor de economía hubiera apostado a que el primer modelo triunfaría. Sin embargo, hoy sabemos que, mientras Encarta es historia, Wikipedia cuenta con más de 13 millones de artículos en cerca de 260 idiomas.

Algo sabe la ciencia que los negocios no hacen.

Allí adentro

El profesor Harry F. Harlow de la Universidad de Wisconsin se hizo famoso por sus investigaciones con monos Rhesus en los años 40. Harlow solía retar a estos primates con una serie de juegos mecánicos. Lo interesante es que luego de semanas los monos Rhesus continuaban jugando y mejorando, aun sin la necesidad de algún premio. De esta experiencia, Harlow concluyó que “su motivación era la tarea en sí misma, que generaba una satisfacción intrínseca”.

En su libro, Daniel H. Pink presenta la que es, a su forma de ver, la evolución de la motivación hasta nuestros días. En una primera etapa, la motivación del ser humano era simplemente sobrevivir, pero luego vino la industrialización. H. Pink hace referencia al planteamiento del reconocido experto en gerencia Gary Hamel, “quien plantea que el management es una tecnología”. Es decir, la forma como nos organizamos evoluciona con el tiempo.

Pero de alguna forma, en una segunda fase de la motivación, las organizaciones se han acostumbrado a la política del garrote y la zanahoria. “Como si fuéramos partes de una complicada máquina en donde cada cual debe encajar. Para mejorar, las compañías aprendieron a premiar lo bueno y castigar lo malo”, explica el autor.

Sin embargo, esta visión del garrote y la zanahoria no tiene en cuenta esa fuerza innata en los seres humanos de crecer por sí mismos.

En su libro clásico de 1960, The human side of the Enterprise, el profesor de MIT, Douglas McGregor, ya vislumbraba esta otra forma de concebir a las personas en el trabajo. En lo que definió como Teoría Y, la gente “tiene una motivación propia por innovar, crear y cumplir sus metas”.

Esto es aun más cierto hoy en día cuando los trabajos se han hecho más complejos, interesantes, creativos, y en muchos casos con un mayor impacto social. Algo tenemos que aprender de los nuevos esquemas de colaboración del mundo moderno tipo Wikipedia, Mozilla o Apache, o del impresionante avance del emprendimiento social.

Para Daniel H. Pink, la clave es entender ese tercer componente de nuestra motivación “la necesidad de dirigir nuestras vidas, y mejorar por nosotros mismos y los demás”. Muchas veces el dinero puede convertir una tarea divertida en trabajo, e incluso este es el fundamento en el que se basa la teoría económica.

Intercambiar ocio por ingresos.

¿Qué quiere la gente?

Es importante no malinterpretar el tema del dinero. Por supuesto, las personas buscan buenos ingresos y la gran mayoría no trabaja por caridad. La regla de oro, según este autor, respecto a los salarios es que deben ser justos. Justos al interior de la empresa y respecto al entorno. Algunos estudios muestran que las personas aceptan ciertas diferencias salariales en las empresas cuando son justificadas.

Lo importante es que las distancias de salarios no sean grandes y, preferiblemente, mantener sueldos por encima de la industria. Un empresario consultado por el autor afirmó “la gerencia no puede ser revisar si las personas están en sus oficinas. Lo que hay que hacer es establecer las condiciones propicias para que la gente pueda expresar su motivación”.

Entonces, ¿qué quiere la gente? Como hemos visto, según Daniel H. Pink, la respuesta no es el dinero. Según este autor, tres elementos son fundamentales para que su equipo deje volar su potencial.

A la gente hay que permitirle ser autónoma en sus decisiones, en la forma que realiza su trabajo y, en algunos casos, en el manejo de su tiempo. Compañías como Best Buy no tienen horarios o, como es bien conocido, Google permite que la gente asigne 20% del tiempo a proyectos de su interés.

Además, el trabajo debe permitirle a la gente crecer como profesionales y lograr una experticia en una actividad dada. Incluso trabajos rutinarios son susceptibles de mejorar, con esfuerzo diario.

Finalmente, las empresas deben tener un propósito. Sentir que se hace parte de un proyecto que tiene una trascendencia más grande que uno mismo, tiene un poder de motivación sin precedentes.

Según Daniel H. Pink, en últimas “la ciencia confirma lo que ya sabemos en el corazón”. Está en nuestra naturaleza lograr cosas grandes. La respuesta está allí adentro.


Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la sección Management de la Revista Dinero

 

  

lunes, 27 de agosto de 2012

Innovación en tiempos difíciles


Cuando los mercados caen, muchas compañías congelan sus esfuerzos por innovar. Pero la escasez en estos tiempos es una increíble fuente para crear nuevas ideas y proyectos.


1884 fue un año difícil. De “semi-pánico” fue la calificación que le dio un editorial del New York Times de la época. En aquel tiempo, el precio del acero se derrumbó de US$71 a US$35. Se podría pensar que no eran los mejores días para innovar sino para postergar esas ideas promisorias.

Pero los hermanos Frank y John Patterson actuaron distinto. Como todos los comerciantes, vivían agobiados por los robos y el manejo del dinero. Fue cuando decidieron adquirir la patente de la primera máquina registradora inventada por el emprendedor James Ritty.

En 1884, los hermanos Patterson crearon la National Cash Register Company NCR el lugar donde más tarde el recordado fundador de IBM, Thomas J. Watson, demostraría sus cualidades únicas para las ventas. Hoy en día NCR tiene ingresos por encima de los US$6.000 millones.

Por supuesto, este ejemplo no es un caso aislado. “Los consumidores reales siguen teniendo problemas reales aun en los peores momentos. De hecho, en tiempos difíciles es cuando se hacen evidentes los problemas ocultos en medio de la prosperidad”, dice el presidente de la consultora Innosight, Scott D. Anthony, en su libro The silver lining: an innovation playbook for uncertain times (Harvard Business Press).

Su mensaje de este valioso libro es simple: la economía puede estar enferma, pero no el emprendimiento, ni la innovación.

Desde que existen registros de los ciclos económicos en Estados Unidos, 13 de las 25 compañías que hacen parte del Dow Jones Industrial Average nacieron en tiempos de recesión económica, incluidas pioneras en innovación como 3M, General Electric, Microsoft y Disney.

En los peores años, los hermanos Charles y Joseph Revson, junto al químico Charles Lachman, crearon la tecnología de esmaltes que en 1932 dio origen a la multinacional Revlon. Empresas como General Foods, Macy's y Texas Instruments también nacieron en la gran depresión.

Compañeros en Stanford University, Bill Hewlett y Dave Packard, fundaron en un garaje Hewlett-Packard en 1939.

Según Scott D. Anthony, muchas compañías sienten que los consumidores prefieren lo seguro y se alejan de ideas innovadoras cuando las cosas se ponen duras. Es allí cuando ponen a hibernar sus mayores apuestas en innovación.

Sin embargo, un estudio de la firma Nielsen en Estados Unidos y el Reino Unido encontró que la intención de compra por productos innovadores permanece estable a pesar de los ciclos económicos.

De hecho, muchos productos innovadores nacen de la necesidad en medio de una crisis. Según datos del autor, McDonald's desarrolló su sistema de producción de comida rápida en 1948. Sony introdujo el primer radio transistor en 1957. Procter & Gamble innovó con Pampers, el primer pañal desechable, en 1961, y Apple la primera versión del iPod en la recesión de 2001.

La gran ruptura

Richard Foster, director por muchos años de la consultora McKinsey, realizó un estudio que pone en evidencia lo turbulento de los mercados modernos. Foster encontró que en los años 20, cuando se creó el primer Standard & Poor's Index, una compañía que ingresaba a esta lista perduraba allí por cerca de 70 años.

Hoy, una empresa que entra al S&P 500 permanece en promedio solo 15 años. En este tiempo habrá fracasado, fusionado o sido adquirida.

Scott D. Anthony argumenta que hoy el concepto de innovación es muy distinto al de apenas hace una década. “Nuevas tecnologías y el desarrollo de los capitales de riesgo han permitido crear y escalar negocios a una velocidad no antes vista”, dice.

Para las grandes empresas cada vez es más difícil sostener su grandeza. “Ventajas competitivas que tomaron décadas en construirse, se evaporan hoy de la noche a la mañana”, opina el autor. Cada vez más, aprender a innovar en tiempos difíciles es realmente el desafío de cualquier compañía, sin importar el entorno económico.

Es por esto que una definición más precisa de lo que estamos viviendo, según Scott D. Anthony, es que no son tiempos de la gran depresión, sin tiempos de una “gran ruptura”.

Según cifras de MediaFinder.com, en Estados Unidos cerraron 367 periódicos en 2010 y 64 continuaron solo en internet. Esta industria está luchando por su supervivencia. En 2005, la compañía editora Lee Enterprises adquirió a Pulitzer Inc. por US$1.500 millones. Para el final de 2008 el valor de mercado de ambas compañías editoriales juntas no superaba los US$75 millones.

“En los 80 y 90 las compañías podían aumentar sus ingresos y mejorar sus resultados enfocándose en la excelencia operacional. Pero hoy a las mejores empresas no les queda mucha grasa por eliminar”, describe. Para este autor el desafío es reinventarse, literalmente transformarse.

Muchos ejecutivos y empresas han desarrollado sus carreras siendo excelentes en ejecución. Pero, al parecer, recortar costos, y hacer las cosas siempre mejor ya no será suficiente. Según D. Anthony, los líderes empresariales de hoy son como músicos que se formaron tocando música clásica y de repente tienen que aprender jazz.

Innovaciones de ruptura

Scott D. Anthony hace parte de la corriente del reconocido profesor en innovación de la Escuela de Negocios de Harvard HBS, Clayton M. Christensen. Incluso escribieron juntos en 2004 Seeing what's next: using theories of innovation to predict industry change. Un aspecto central en su argumentación es el concepto de innovaciones de ruptura.

Elaborado principalmente en el texto de 1997 The innovator's dilema, Christensen argumenta que las innovaciones de ruptura surgen cuando las grandes empresas, orientadas a buscar tajadas cada vez más grandes de mercado, no se percatan de soluciones que nacen en mercados pequeños y que se presentan con características más simples, convenientes y accesibles. Del telégrafo al teléfono. Del tren a los automóviles. al transistor a De los tubos de vacío al transistor y del VHS al DVD.

Está demostrado que las innovaciones de ruptura son la mayor fuente de crecimiento en la vida empresarial. Según D. Anthony, la mayor lección que podemos tener sobre la innovación es que las compañías no se pueden olvidar del potencial de lo que nace pequeño.

A pesar de que tenemos años estudiando innovaciones de ruptura, muy pocas compañías toman medidas. Para los inversionistas y analistas, la recomendación es estar muy pendientes de nuevas invasiones de ruptura como Skype, EnerNOC, Alibaba.com, QlikTech o First Solar.

Las cosas a veces se ponen complicadas. Pero siempre habrá oportunidades para los que no se quedan quietos, y aun en los peores momentos no renuncian a sus esfuerzos por innovar.

Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la sección Management de la Revista Dinero 

jueves, 23 de agosto de 2012

Insurgentes

Entender la dinámica de los movimientos sociales puede representar la diferencia entre contar con un ejército de seguidores a su favor, o un muro de personas imposible de tumbar.



 El 16 de diciembre de 1897 fue un día de crucial importancia para la cocina clásica francesa. Ese día, el renombrado cocinero y escritor Auguste Escoffier (1846-1935) creó el primer menú para el Hotel Ritz en Londres y, desde entonces, impuso la práctica de servir los platos en un orden preestablecido.

Este primer menú de Escoffier tendría un valor particular. Sentó las bases de la cocina tradicional francesa por casi un siglo. Estudiante del histórico chef Antoine Carême, Escoffier publicó en 1903 Guide culinare que es el texto obligado de la cuisine classique, aun hoy en día.

Sin embargo, por muchos años los chefs en Francia no se atrevieron a tocar el legado de Escoffier. Apenas con la llegada de los renovados vientos de Mayo del 68 las cosas empezaron a cambiar. Los ataques a la cuisine classique vendrían de la periferia, de un movimiento social de jóvenes con nuevas ideas.

Se les atribuye a los estudiantes Paul Bocuse, Michel Gerard y a los hermanos Jean y Pierre Troisgros, haber fundado la nouvelle cuisine, un cambio radical en la cocina francesa de la época.

Estos jóvenes quisieron innovar aportándole mayor libertad al chef, y como resultado la nouvelle cuisine fue una explosión de nuevas ideas, sabores, colores y culturas.

Esta historia tiene un valor particular. Si lo piensa, otras grandes innovaciones han estado soportadas o rechazadas por movimientos sociales.

Por ejemplo, la tecnología del implante coclear, también conocida como oído biónico, podría cambiar la vida de millones de niños sordos menores de cinco años. A diferencia de otros tratamientos que amplifican el sonido, el implante coclear estimula células del cerebro permitiendo que una persona sorda pueda oír.

Para un niño sordo de nacimiento lo ideal es que el tratamiento se realice en sus primeros años de vida. De hecho, se calcula que, en 2007, a 5.500 personas ya les habían hecho implantes en España, 60% niños. Sin embargo, las compañías productoras, como Advance Bionics y Cochelar, han enfrentado una resistencia no esperada.

Algunos sectores de la misma comunidad sorda (como la National Assotiation of the Deaf) han lanzado fuertes campañas contra el implante coclear, argumentando que representa un genocidio para su cultura y el lenguaje de señas. Incluso, activistas sordos han logrado pasar leyes que impiden este implante en menores de edad.

Estos son ejemplos del reciente libro Market rebels: how activists make or break radical innovations, del profesor de la Universidad de Stanford, Hayagreeva Rao. De alguna forma, la visión tradicional de la innovación nos invita a pensar en el legado de un gran líder empresarial. Es lo que Henry Ford significa para el automóvil o Bill Gates para la industria del software.

No obstante, el profesor Rao tiene una opinión distinta. Hayagreeva Rao vivió su juventud en la turbulenta India de los años 70 bajo el liderazgo de la primera ministra Indira Gandhi. Rao recuerda, por ejemplo, cómo en su ciudad, Visakhapatnam, movimientos sociales acompañados de paros de los ciudadanos bloquearon la construcción de una planta de acero. Estas experiencias dejaron una profunda huella en él.

Desde la academia, Hayagreeva Rao se ha hecho experto en analizar diversas industrias de distintas épocas. El objetivo de su libro Market rebels es presentar un mensaje muy sencillo: “los activistas sociales son cruciales para el éxito o el fracaso de cualquier innovación”.

Reuniones secretas

“De no ser por ellos, no habría existido Apple”, plantea Rao en su libro. En un comienzo, los gigantes del negocio de la computación IBM o DEC tenían una regla de oro en su negocio: mantener la gente lo más lejana posible de sus mainframe.

Pero, según explica Rao, todo empezó a cambiar gracias a la inquietud de ingenieros aficionados y apasionados por la tecnología quienes empezaron a reunirse en clubes privados y crear publicaciones.

Uno de los pioneros de este movimiento, Steven Gray, fundó en 1966 la Amateur Computing Society. Con el tiempo, el legendario Steve Wozniak, creador del Apple, surgiría de esta comunidad. Para el profesor Hayagreeva Rao, es fundamental entender que “las innovaciones de ruptura cambian las prácticas y relaciones sociales y, de esta forma, desafían las normas y pautas establecidas en una sociedad”.

Las compañías se pueden beneficiar ampliamente de estos procesos sociales o podrían ser letales para sus deseos de innovar.

Desde el punto de vista académico el argumento de Rao es interesante porque usualmente los movimientos sociales son pasados por alto como aspectos decisivos que transforman los mercados.

En la visión clásica de la economía tradicional, la mano invisible del mercado es la responsable de este proceso. En cambio, Rao muestra con sus estudios lo que manos juntas pueden lograr. Activistas sociales pueden despegar industrias enteras como también frustrarlas.

Se piensa que el automóvil fue el resultado de un gran líder como Ford. Sin embargo, Rao encontró que fueron grupos de aficionados los que se enfrentaron a las crecientes críticas sociales por la velocidad y seguridad de este nuevo medio de transporte. Lo que hoy conocemos como carreras callejeras tiene su origen en revolucionarios de la época que se reunían para demostrar la confiabilidad del auto, un aspecto determinante en el arranque de esta industria.

Por otra parte, movimientos sociales pueden atascar al máximo una innovación.

Por ejemplo, a pesar de que Alemania cuenta con algunas de las compañías de químicos y las farmacéuticas más grandes del mundo como Basf y Bayer, el desarrollo de la biotecnología en este país es incipiente comparado con el de Estados Unidos. Protestas y movimientos sociales, liderados por grupos políticos como el Partido Verde, han logrado ponerle freno al emprendimiento de la biotecnología alemana.

Despertar pasiones

En sus estudios sobre activistas sociales, el profesor Rao encontró que el factor determinante de éxito es lograr despertar pasión por una causa.

Este es el caso del movimiento de la cerveza hecha en casa, de mediados de los 90 en Estados Unidos. El 26 de septiembre de 1997, por primera vez, este país superó el número de bares registrados a los de su origen en Alemania, 1.250 contra 1.234. Según Rao este desarrollo solo fue posible gracias a una cultura contra las cinco grandes cerveceras, y el sabor industrializado de su cerveza.

Otras innovaciones interesantes no han logrado despertar la pasión de la gente. El profesor Rao comenta los casos del carro eléctrico que, cuando tuvo la oportunidad de ser aprobado en el estado de California, no contó con el apoyo de la gente, y grupos de interés como petroleras hundieron la iniciativa. Otro ejemplo es el innovador sistema de transporte personal Segway que no ha cumplido las expectativas de sus creadores por no despertar pasión entre la gente.

¿Cuál es el propósito del profesor Hayagreeva Rao con estos ejemplos de innovación? Según él, los ejecutivos en las empresas se benefician ampliamente “al dejar de pensar como burócratas y empezar a pensar como insurgentes”. Es en el día a día de una sociedad cuando una innovación es aprobada y defendida, o fuertemente rechazada.

En entender la dinámica de los activistas del mercado puede estar la diferencia entre contar con un ejército de seguidores a su favor, o un muro de personas imposible de tumbar.

Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la sección Management de la Revista Dinero

martes, 21 de agosto de 2012

Como piezas de dominó

¿Es posible detectar, prevenir y tratar de contrarrestar la aparatosa caída de una gran empresa?


Existe un hombre al que los líderes empresariales modernos prestan especial atención. Alguien que se ha ganado la reputación por aportar ideas concretas sobre cómo crear organizaciones ejemplares.

El profesor Jim Collins, con tan solo dos libros –Empresas que perduran (junto a Jerry Porras, 1994) y Empresas que sobresalen (2001)–, le cambió el chip a más de un gerente y puso a la sencillez como un aspecto crucial de los negocios.

En 2002 tuvo una experiencia que le cambiaría su forma de entender las organizaciones.

Una tarde de agosto de ese año, Collins fue a dar una larga caminata junto a su esposa Joanne. A los 13.000 pies de altura, Collins empezó a ver cómo su esposa Joanne seguía adelante llegando cada vez más alto. Lamentablemente, tan solo dos meses más tarde, Joanne fue diagnosticada con cáncer de seno, por lo que finalmente le practicaron dos mastectomías.

Este evento dejó una profunda huella en Collins. Posiblemente, en el momento de mayor fortaleza física, Joanne ya estaba enferma.

¿Es posible que esto también suceda en las empresas? ¿Puede pasar que compañías formidables no se percaten que una temible enfermedad amenaza su existencia? En oportunidades, empresas exitosas se desvanecen de la noche a la mañana, como si tuvieran una infección, fácil de curar si se identifica a tiempo, pero letal cuando es demasiado tarde.

Hace poco tiempo Jim Collins publicó How the mighty fall: and why some companies never give in. A pesar de ser considerado el tercer libro más importante de su carrera, este apenas arrancó como un pequeño artículo. Una pregunta en particular intrigaba a Collins. El economista austriaco Joseph Schumpeter popularizó el término destrucción creativa, como un proceso de innovación y cambio constante en los mercados. Es decir, como si fueran imperios rezagados por la historia ¿es el destino de toda empresa algún día fallecer?

De hecho, algunas compañías protagonistas de sus primeros libros tuvieron fuertes retrocesos en años pasados, como Disney, IBM, HP, Merck y Motorola. Pero fue la crisis del segundo semestre de 2008 la que cambió la dimensión de este proyecto para Collins. “De repente, legendarias corporaciones empezaron a caer como gigantes piezas de dominó a nuestro alrededor”, describe Collins en su libro. En cuestión de semanas, historias de compañías centenarias como Lehman Brothers y GM, algunas en coma y otras que pasaron de la grandeza a desaparecer en semanas, acapararon la prensa.

De inmediato, Collins hizo de How the Mighty Fall una prioridad.

En esta oportunidad, su metodología fue estudiar en detalle un grupo de empresas en “caída libre”. En este proceso descubrió que la analogía de una enfermedad para el declive organizacional no es del todo válida.

“Si bien es evidente que ninguna empresa está exenta de fracasar, sin importar qué tan lejos haya llegado, esto no quiere decir que de la noche a la mañana tengan cáncer, pues está en sus manos detectar, prevenir y, sobre todo, reponerse cuando se enfrentan a dificultades”, argumenta el autor.

Arrogancia

En sus investigaciones, Collins encontró una ruta de cinco pasos que las compañías suelen transitar de camino al abismo. La idea es que, al conocer estas etapas, las empresas puedan identificar banderas rojas y corregir su camino.

El punto de partida para el fracaso lo explica Collins con el término en inglés de origen griego hybris, que indica arrogancia y un orgullo sin proporciones. En empresas que sobresalen aprendimos que los gerentes de puertas abiertas, enfocados en sus negocios y de corazón sencillo tienen las mayores posibilidades de triunfar, y en este nuevo libro, que la arrogancia es el punto de partida al fracaso.

“Las empresas empiezan a sentir el éxito como un derecho y no como algo que se debe construir. Todo lo que hagan estará bien, porque son los líderes del mercado”, explica Collins en el libro.

Un aspecto central en la investigación de Collins es que el declive empresarial en la mayoría de los casos es un daño autoinfligido. “Toma el trabajo de muchos construir una gran organización, pero las manos de un solo líder negativo pueden destruir una empresa”, dice.

El diagnóstico casi siempre es el mismo. Cada vez que hay una compañía en aprietos, su líder del momento olvidó las razones que los hicieron grandes en primera instancia.

El segundo escaño, en lo que Collins llama “el tránsito al lado oscuro”, es una indisciplinada búsqueda de crecer. Hace parte del pensamiento convencional de la gerencia que las empresas fallan al no encontrar nuevas rutas para crecer e innovar. ¡Por quedarse dormidas en los laureles!

No obstante, aunque esto suele suceder, en el grupo de empresas analizadas por Collins sucede todo lo contrario. Realmente es un afán incontenible por crecer, cambiar y crecer, lo que mata a las empresas.

La gente

David Packard, cofundador de HP, planteó un valioso argumento respecto al crecimiento, “ninguna empresa debe crecer más rápido que su habilidad para colocar la mejor gente en los sitios correctos en la compañía”. Para Collins, esta es la regla No. 1 que violan las empresas cuando se dirigen al ocaso: crecer más allá de su capacidad de hacer un trabajo excelente y que apasione a la gente en la organización.

En tercera instancia el profesor Collins habla de prestarles atención a las cifras. Lamentablemente, grandes fracasos empresariales en la historia, desde el proyecto Iridium de Motorola hasta la tragedia del Challenger, según muestra Collins, tenían disponibles datos concretos que alertaban sobre su fracaso y fueron pasados por alto.

En su libro Por qué fracasan los ejecutivos inteligentes (2004), Sydney Finkelstein explica que la mayoría de empresas se duermen por una visión errónea de un líder que nadie se atreve a rebatir.

Según Collins, es posible identificar las fases finales del colapso empresarial cuando sus líderes solo piensan en reorganización. Esta usualmente se expresa por tratar de encontrar un mesías afuera de la empresa que los salve o los dolorosos recortes masivos de personal.

En crisis, erróneamente, los ejecutivos sienten que deben cambiar la cultura, la estrategia y la gente, y su espíritu. Sin embargo, si ha sido consistente el pensamiento de Jim Collins es en cuanto a que el éxito se construye paso a paso sin recetas mágicas.

En libros pasados, Collins demostró que los mejores líderes se forman adentro, y en tiempos de crisis esta no es la excepción. El último paso que comenta Collins en su libro es cuando a una compañía exitosa la quiebra la caja. “Pero un ejecutivo de una gran empresa no conoce qué significa quedarse sin con qué pagar las cuentas, porque han crecido en la abundancia”, dice en el libro.

En el fondo del fracaso empresarial existe una idea aun más sencilla. A sus líderes se les olvida qué significa sacar una empresa adelante. ¿Qué pasaría si todos los días que llega a su empresa lo asume como el primero? Cuando una gran pérdida no es tan catastrófica, porque nada tiene y tiene todo por construir.

Al economista de Stanford, Paul Romer, se le atribuye la frase “una crisis es algo terrible para desperdiciar”, y Collins muestra que, tanto empresas grandes como pequeñas, logran salir fortalecidas de ella.

Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la sección Management de la Revista Dinero

lunes, 13 de agosto de 2012

Y tanto trabajo, ¿para qué?

Llega un punto en el que cualquier emprendedor o empresa exitosa debe cuestionarse ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Más allá del dinero y el negocio? ¿Por qué competimos diariamente?



Las mejores empresas y empresarios son como árboles de raíces fuertes y profundas. Camino a casa, por la noche y en medio del trancón, revisas tu día. Disgustos con proveedores, malentendidos con compañeros, peleas por precios, angustias por no cumplir las metas... en cualquier parte estabas haciendo lo que fuera necesario para crecer como profesional o sacar adelante tu proyecto.

Y todo esto, ¿para qué?

Esta es la pregunta clave para el intelectual griego, Nikos Mourkogiannis, un hombre que entiende el valor del carácter en un ser humano. Mourkogiannis fue un destacado profesor de Harvard y ha sido consultor internacional de firmas como Monitor o Panthea.

Cuando tenía 6 años, miembros del partido comunista de la época allanaron su pueblo y ejecutaron a 54 mujeres. Este suceso lo marcó profundamente. “Ellas murieron por la libertad en mi país. Ese día sentí la necesidad de hacer algo valioso con mi vida”, recuerda.

Con el tiempo, Mourkogiannis descubrió que su propósito en la vida era transferir este concepto a las empresas. Es decir, los ejecutivos suelen hablar de visiones, misiones y estrategias. Pero muchas veces dejan a un lado una pregunta de carácter más moral ¿cuál es nuestro propósito?

Para este autor las empresas deben identificar una razón de su existencia distinta al dinero. En su maravilloso libro Purpose: the starting point of great companies, Mourkogiannis pretende cumplir con su propósito.

Cierto día, Gil Schwartz, director de relaciones públicas de la CBS, en una reseña del famoso libro El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, para el Wall Street Journal, escribió “al fin de cuentas las consideraciones morales poca utilidad tienen en el día a día de una empresa exitosa”.

Lamentablemente, según Mourkogiannis, muchas personas comparten esta visión de la vida empresarial: un lugar frío, sin ideales, en donde solo importan los resultados. Pero nada es más distinto a la realidad. Para este autor, definir un propósito moral, un tema aparentemente esotérico, es en realidad una potente herramienta en los negocios.

Por ejemplo, esto es evidente en los tiempos de crisis. Suele pasar que la abundancia atrae a la gente, pero es solo en las dificultades cuando se conoce realmente quiénes trabajan por un ideal.

Un propósito moral en común unifica a un equipo. “Finalmente, las personas no son leales a un jefe, ni incluso a una compañía, sino a una serie de valores con los que se identifican”, resalta Mourkogiannis.

Para él, definir un propósito moral es una tarea clave de los gerentes y de los mejores líderes. “Definir un propósito moral es trabajo de los verdaderos campeones”, asegura. Por eso, el propósito de una compañía debe ir más allá de la ambición y la avaricia. Es como el ADN de la empresa, es lo que cree su gente sin necesidad de pensar.

Raíces

Según Mourkogiannis, la principal ventaja de un propósito es que representa un gran motivador para la vida personal y empresarial.

Para Mourkogiannis, un propósito moral es algo muy distinto a los conocidos valores corporativos. De alguna forma es la respuesta a la pregunta más filosófica ¿cuál es mi destino en la vida? Este propósito recoge todo lo que usted es en realidad: sus experiencias, su vida y aquello en lo que cree.

“En los negocios, probablemente un propósito bien definido no sea garantía de éxito, pero es un prerrequisito para forjar una compañía a largo plazo”, plantea el autor.

Así, además de motivar, el propósito de las empresas les ayuda a no perder el rumbo ni desesperarse. Es como un ancla que nos aferra en las mayores turbulencias. La verdad es que las mejores compañías del mundo nacieron de un sueño bien definido.

El paso a seguir, para este autor, es establecer su propio propósito moral. “Cuando se reúna con su equipo a realizar esta tarea, lo mejor es pensar en ideas que hayan perdurado con los años”, asegura Mourkogiannis en su libro.

Aunque usted es libre de definir el propósito, Mourkogiannis plantea cuatro ideas principales. Lo primero es un afán por descubrir. Algunas empresas tienen en su código genético el deseo de innovar y aportar al mundo. Además, existe el propósito de la excelencia. Emprendedores que se levantan todas las mañanas deseando construir ese “relojito” que marche perfectamente.

En tercer lugar, Mourkogiannis habla del altruismo. Sam Walton, fundador de Wal-Mart, es recordado por su pasión casi obsesiva por atender a sus clientes. En su autobiografía, Walton dejó una carta en la que expresaba “que su principal fuerza de cada mañana era mejorar la calidad de vida de todas las personas cercanas a su compañía”.

Finalmente, Mourkogiannis habla del heroísmo como el cuarto propósito fundamental en los negocios. Y la mejor forma de entenderlo es toda aquella compañía que nace de la frase ¡voy a cambiar el mundo!.

Ojalá la crisis que apenas se está superando nos haya dejado lecciones sobre el liderazgo. Muchas personas están cansadas de los prototipos típicos de un líder: el gran negociante, el duro emprendedor a toda prueba e, incluso, el carismático.

Definir un propósito requiere más que intelecto, ego y experiencia. Finalmente, las compañías no compiten en los mercados por recursos, como el dinero o las tecnologías, sino por las mejores ideas.

Estamos hablando de la vida y sus connotaciones morales.

Quienes dudan de la importancia de estos temas deberían preguntarse ¿cuántas personas trabajan para hacer ricos a sus jefes? Sí, las personas quieren un salario competitivo, pero principalmente quieren que su vida tenga sentido.

Quieren líderes que puedan ganar la batalla de las ideas y que actúen como piensan. Y, por su puesto, la mejor forma de lograrlo es construyendo empresas y organizaciones cimentadas en un férreo propósito.


Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la sección Management de la Revista Dinero

jueves, 9 de agosto de 2012

15 Tendencias en Gerencia

Más allá de las modas gerenciales, en los últimos 15 años el mundo de la gerencia ha refinado ideas concretas para el desarrollo empresarial, el emprendimiento, la gerencia de empresas y la vida misma de los seres humanos.

Muchos estudiantes de negocios, constructores de empresa o empresarios suelen tener el complejo de que en medio de tantas ideas y conceptos nada saben en concreto. Esta es una angustia que se evitaría si se hace un barrido de algunas de las ideas más influyentes de los últimos tiempos. Para evitar la trampa de las modas, tan nocivas en la gerencia, vale la pena pensar en 15 tendencias que sin ser consideradas verdades reveladas, en alguna medida se pueden entender como “buena gerencia”, acompañadas de un libro o un artículo clave como referencia.

De hecho, más que tendencias es valioso agrupar los conceptos bajo los cuales se han gestado la mayor cantidad de ideas y propuestas. Por ejemplo, alguien podría pensar que el fenómeno de la tercerización y el valor de concentrarse en lo que más saben hacer las empresas es aislado, cuando en realidad hace parte del terreno más amplio del crecimiento. Incluso, en vez de buscar tendencias rebuscadas el objetivo es identificar en las ideas que más nos han hecho reflexionar sobre lo que significa "vivir en un mundo de organizaciones", como lo definió Peter Drucker.

Las modas tienen el poder de convertir buenas ideas en conceptos superficiales, mal digeridos y peor aplicados, que se repiten en todas partes durante corto tiempo y luego caen desacreditados antes de haber sido medianamente asimilados. Este tal vez sea el desafío más grande de la gerencia en los próximos 15 años. No complicar las cosas, al pan, pan y al vino, vino, y mostrar que la gerencia es asequible para todos.


1.    Estrategia
Estrategia competitiva, Michael Porter, 1980

El campo de la estrategia es tan antiguo como la guerra misma. De hecho, El arte de la guerra, de Sun Tzu, vigente aún luego de 2.500 años de su publicación, o El Príncipe (1513) de Nicolás Maquiavelo, son considerados referentes en este campo. Sin embargo, un joven estudiante del MBA de Harvard en los años 70s fue el que transformó el mundo de los negocios. Se trata de Michael Porter y la publicación de su Estrategia Competitiva (1980), que realmente les presentó un mapa mental a los empresarios, académicos y ejecutivos sobre cómo compiten las empresas. La estrategia corporativa se encarga de las preguntas básicas, pero definitivas, en los negocios: ¿qué hacemos? ¿Qué no hacemos? o ¿Dónde lo hacemos? Aunque ya existían valiosos textos sobre estrategia corporativa antes de Porter, como Corporate strategy (1965) del profesor Igor Ansoff, fue realmente Porter el responsable de su difusión y relevancia en el mundo entero.


2.    Calidad
Out of the Crisis, Eduards Deming, 1982

En los noventas, cuando Colombia apenas estaba empezando a digerir lo que llamamos “apertura”, las pocas revistas especializadas, como Clase Empresarial, las conferencias, los profesores y los ejecutivos tenían una obsesión en común: la calidad total. Realmente, el fenómeno de la calidad y el esfuerzo de hacer las cosas siempre mejor y al menor costo, tuvo su origen desde finales de la Segunda Guerra Mundial y se acentuó en los años 80. El norteamericano Eduards Deming, quien curiosamente tuvo una mayor influencia en el Japón, es considerado el mayor promotor de este concepto, al postular los 14 principios de la calidad en su recordado libro Out of the Crisis. Por muchos años, la calidad ha sido el paradigma, tanto en multinacionales estilo Toyota, como en empresas locales a la manera de Carvajal, que ya en los años 70 hacía consultorías con expertos japoneses y arrancó en el país con programas como los llamados círculos de calidad. Hoy en día, las diversas certificaciones a la calidad son una constante en el mundo de los negocios.


3.    Liderazgo
Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, Stephen Covey, 1990

En la película dirigida por Roland Emmerich, 10.000 Antes de Cristo, en una escena se presenta una excelente definición del liderazgo, “algunas personas nacen para protegerse a sí mismas, otras logran acercar a ellos a su familia y protegerlos también, pero algunas muy especiales logran llegar a un grupo mucho mayor”. De los cientos de libros y facetas sobre liderazgo es difícil escoger qué resaltar en un texto tan corto. Pero finalmente nos decidimos por tres publicaciones. El libro clásico Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen Covey, les recordó a los ejecutivos del mundo que para ser exitoso es fundamental llevar una vida balanceada. La inteligencia emocional (1995) de Daniel Goleman, que para salir adelante no solo se requiere tener un coeficiente intelectual elevado, sino también saber tratar a la gente. Y, finalmente, el hermoso libro Empresas que sobresalen (2001), de Jim Collins, dejó muy claro que las empresas más exitosas están dirigidas por ejecutivos llenos de sencillez.


4.    Crecimiento
The core competente of the corporation, Prahalad y Hamel, 1990

Pocos temas son más transversales y tienen un valor práctico tan grande como el del crecimiento. Por alguna razón, muchas empresas piensan que crecer más siempre es mejor, cuando en realidad el crecimiento no es algo para maximizar sino para proyectar en el tiempo. Literalmente, tanto empresas grandes como pequeñas pueden crecer rápidamente a la quiebra. La literatura en gerencia es muy amplia respecto a cómo crecer y hacerlo sostenible en el tiempo. De hecho, este es el fin último de campos como la estrategia y la innovación. En los últimos años tuvo gran acogida entre los empresarios y ejecutivos el concepto del core competence, elaborado por Gary Hamel y C.K. Prahalad en 1990, que implica que las empresas se concentren en lo que más saben. De este se desprende toda una tendencia de lo que llamamos tercerización, con gran impacto en los negocios y en los escritos. Pero el tema del crecimiento es mucho más amplio, e incluso son las finanzas corporativas las que más tienen que decir pues el crecimiento es un tema muy enfocado a la financiación.


5.    Negociación
Getting to yes, Fisher, Patton y Ury, 1992

El profesor David Lax, quien lideró los primeros cursos de negociación en Harvard, comentó que el libro Getting to yes de Robert Fisher, Bruce Patton y William Ury se considera el referente en este campo. Luego de que las empresas, los estados y las universidades entendieran el inmenso potencial de aprender a negociar, no hay duda que este ha sido uno de los terrenos más fértiles de la gerencia. El profesor Lax, autor del reciente libro, 3-D Negotiation, explicó que de alguna forma el conocimiento en negociación ha transitado tres niveles. Los aspectos referentes al estilo, en el que se enfatiza el comportamiento de las personas o los aspectos propios de las culturas. De allí se avanzó a la importancia de crear espacios en donde ambas partes ganen y en los que juega un rol clave la innovación y la creatividad. Y, finalmente, cada vez toma más fuerza la idea de aprender a utilizar los contextos y colocar las fichas a su favor antes de la negociación.


6.    Gerencia de empresas familiares
Generation to generation, Gersick, Davis, McCollom y Lansberg, 1997

Tal vez en estos últimos quince años ha sido cuando más hemos aprendido a cuidar y valorar nuestras empresas familiares. En repetidas charlas y escritos se ha hecho evidente que una gran proporción de las empresas más grandes del mundo son de origen familiar. Los que han estudiado, y los que están frente a una empresa familiar, se encuentran con la maravillosa mezcla de oportunidades sin límites y desafíos por superar. Uno de los libros que tuvo mayor influencia en este tiempo fue Generation to Generation, publicado por HBR en 1997. Entre los distintos temas en que avanzó y que hoy son de mayor conocimiento están la importancia de separar los ambientes de la familia y el trabajo, mantener relaciones de equidad en la empresa respecto a los miembros de la familia, el protocolo de familia, establecer estructuras jurídicas que permitan la continuidad, crear órganos de buen gobierno y trabajar anticipadamente en la sucesión.


7.    Globalización y competitividad
La ventaja competitiva de las naciones, Michael Porter, 1998

De todos los términos que tomaron forma en estos quince años, tal vez el que más despliegue tuvo desde los 90s fue el de “globalización” y su amigo cercano la “internacionalización”. Incalculables artículos, libros, conferencias y casos se ocuparon de estos dos conceptos en estos años. Sin embargo, nuevamente Michael Porter en 1998, con su libro Globalización y competitividad, ayudó a tener mayor claridad sobre el tema. Como tesis central de su libro, Porter planteó que realmente no son los países los que compiten sino las empresas. En este libro presentó, con gran acogida por el público, el concepto de clusters, o aglomeraciones de empresas relacionadas entre sí en zonas geográficas. Desde otra perspectiva respecto al tema de cómo gerenciar una empresa globalmente, ¿cómo crear estructuras? o ¿Cómo dirigir a la gente globalmente, el libro Total Global Strategy (1992) del autor George Yip es considerado una referencia obligada.


8.    Gerencia de sí mismo
Managing Oneself, Peter Drucker, 1999

En 1936, el autor Dale Carnegie publicó How to win friends & influence people, un libro que aun permanece siendo un best seller sobre cómo avanzar y comportarse socialmente. Unos años más tarde, en 1968, otro pequeño libro cambió la vida de millones, The Peter Principle, de los autores Laurence Peter y Raymond Hull, empezaba a tratar el tema de cómo avanzar en las jerarquías de una organización. Sin embargo, fue el recordado Peter Drucker, en su texto de 1999, en HBR, Managing Oneself, quien presentó en concreto las ideas más relevantes sobre la importancia de gerenciarse a sí mismo. ¿Cuáles son mis fortalezas? ¿Cuáles mis valores? ¿Cómo aprendo? o ¿Cómo deseo que sea la segunda mitad de mi vida? Actualmente, la mayoría de los ejecutivos, empresarios o emprendedores reconocen la importancia de afrontar la vida profesional en forma planificada.


9.    Gestión pública
Bowling Alone, Robert Putman, 2000

Al igual que otros conceptos, el de gestión pública se remonta años atrás. Incluso en Colombia, como lo muestran los escritos del profesor Alberto Mayor, entre otros, en los arranques del estudio de las técnicas administrativas en la Escuela de Minas de Medellín (1912), pionera en America Latina, se comenzó desde una perspectiva que juntaba lo público y lo privado. Luego nacieron las facultades privadas y hace 50 años se fundó La Escuela Superior de Administración Pública, Esap. La gestión pública tiene particularidades que la hacen única y, por su importancia para el desarrollo, debería prestársele cada vez mayor atención. Entre otros, a diferencia de la gestión privada, en la gestión pública muchas veces es difícil definir los fines y los medios. En una empresa privada se podría pensar en maximizar las utilidades, pero en el campo público esto es mucho más complejo. Los tiempos de ejecución, la presión de los grupos de interés, la geografía, la política y la economía hacen de la gestión pública un desafío particular. Como libro recomendado está Bowling Alone, de Robert Putman, que estableció el concepto de capital social.


10. Responsabilidad social corporativa
La ventaja competitiva de la Filantropía Corporativa, Porter y Kramer, 2003

La RSC también tiene una larga historia por contar. Este debate arrancó en firme en 1970 con el polémico artículo del economista Milton Friedman en el New York Times, The social responsibility of business is to increase its profits. En su artículo, Friedman piensa que es el Estado quien conoce mejor cómo asignar los recursos para lo social y por lo cual las empresas deberían solo ocuparse de ser rentables, siendo la RSC mera propaganda. Muchos no estuvieron de acuerdo con este autor. En 2003, Michael Porter y Mark Kramer publicaron el artículo La ventaja competitiva de la filantropía corporativa, en el que argumentaron que, para ser sostenibles, las acciones sociales deben guardar una relación con el negocio. Ya en 2005 la revista The Economist hizo una fuerte crítica y de alguna forma revivió los conceptos de Friedman. Hoy entendemos que la RSC significa hacer lo correcto con cada uno de los grupos de interés de una organización, es lo que consideramos buena gerencia, y que de nada sirven las acciones sociales con un grupo si no se hace lo correcto con el resto.

11. Innovación
El dilema del innovador, Clayton Christensen, 2003

La innovación es tal vez el concepto de mayor promoción en el mundo de los negocios moderno. Algo así como la calidad en los años 80. Sin embargo, como sucede muchas veces, en medio de la abundancia se terminan por complicar las cosas. Una perspectiva clara para entender la innovación la encontramos en el reciente libro de Ram Charan y A.G. Lafley, The Game Changer, como un proceso social que debe involucrar a toda la organización, que puede ser pensado y estructurado con el objetivo de romper la tendencia de que los productos se conviertan en commodities, afectando los precios y los márgenes. La innovación es pensar en conjunto y ejecutar el mundo de una forma distinta a los demás, en cualquier actividad de una empresa. En este sentido, escritos claves como los de Clayton Chistensen, El dilema del innovador o libros como La estrategia del océano azul, que apuntan a entender cómo llegar a los no consumidores, son una faceta de este objetivo más amplio.


12. Emprendimiento
The art of the start, Guy Kawasaki, 2004

Hablar de emprendimiento siempre despierta pasión, pues para muchos es el camino hacia trabajar para sí mismos o su única oportunidad de conseguir ingresos. Sin embargo, en el campo de la gerencia el emprendimiento ha despertado un inmenso interés por razones adicionales. Por una parte, es evidente cómo en estos pequeños grupos de personas que tratan de salir adelante sin recursos se gestan las mayores innovaciones. Hoy en día, multinacionales y compañías consolidadas tratan de inventarse la mejor forma de incorporar modelos de emprendimiento en sus estructuras. Por otra, entender cómo se gestan las empresas es de particular importancia para los países que ven en el emprendimiento la mayor fuente de desarrollo. Como referencia, el libro del ex ejecutivo de Apple, Guy Kawasaki, The art of the start (2004), es lectura obligada para todo aquel que tenga el sueño de montar su propio negocio.


13. Educación gerencial
Gerentes no MBAs, Henry Mintzberg, 2005

En su paso por Colombia en 2005 el decano de la Escuela de Negocios INSEAD, Dipak Jain, dijo: "pensamos que la teoría es buena, pero en el contexto de los negocios es mucho mejor. Esto hace que nuestros estudiantes se enfoquen en aprender y no en competir”. Jain ha sido uno de los protagonistas del debate teoría-práctica en la formación en gerencia. Precisamente el prestigioso autor, Henry Mintzberg había publicado Gerentes no MBAs, y los reconocidos autores en liderazgo, Warren G. Bennis y James O'Toole, el artículo HBR Cómo las escuelas de negocios perdieron el rumbo. En ellos plantean que hay una creciente brecha entre lo que se enseña en las clases y lo que se vive en las empresas. Este fue apenas uno de los aspectos a tratar en el mundo de la formación en gerencia, un campo de tal relevancia que quisimos resaltar en aquel especial.


14. Gestión del talento
Beyond HR, Boudreau y Ramstad, 2007

A pesar de su larga trayectoria, quise dejar el talento humano entre las últimas tendencias para destacar. Tal vez como respuesta al desarrollo de la tecnología, gran parte de lo que se escribe, los modelos de negocios más exitosos y las acciones de las compañías van encaminados a no perder nuestra conexión y autenticidad como seres humanos. El tema de la gestión del talento es diverso como el mismo ser humano. Para resaltar, en años recientes se habla con mayor esmero del equilibrio entre la vida y el trabajo, sobre la importancia de comunicarnos cara a cara, planear la vida en el trabajo, el respeto y la sencillez, entre otros. Publicaciones como Beyond HR de los autores John Boudreau y Peter Ramstad, replantean la importancia de que los departamentos de gestión humana avancen de temas transaccionales a realmente afectar el rumbo de las empresas.


15. Innovación en gerencia
El futuro de la administración, Gary Hamel, 2008

Con el sugestivo título The Future of Management (El futuro de la administración), el veterano autor de los negocios, Gary Hamel, planteó un tema preciso para este listado. Si bien es valioso resaltar algunos de los avances en la gerencia en estos 15 años, Hamel es realmente crítico al afirmar que todavía al mundo le queda mucho camino por recorrer. Con lo que denomina innovación en gerencia, Hamel plantea escenarios de empresas que se han estructurado en organizaciones radicalmente distintas con excelentes resultados. Desde esta perspectiva, incluso las propuestas más audaces pueden llegar a tener efectos no vistos. Hacia el futuro quisiéramos ver más empresas y organizaciones que se arriesguen a explorar cosas nuevas.

Autor: Carlos Andrés Vanegas
Para la Sección Management de la Revista Dinero